30.5.11

Un martini para el obispo

¿Por qué, señora, debería yo beber un té? ¿Acaso me vio cara de gastritis? ¿Supone usted que mi abdomen oculta un santuario? ¿Piensa que mi vida es miel sobre hojuelas? ¿Tengo cara de agua bendita? ¿Cree que mi Gracia me inmuniza contra mi humanidad? Quiero un martini, porque sí.
Porque así lo dijo John Cheever en un cuento que se llama "El brigadier y la viuda del golf". Y lo transcribo:
–¿Cómo le va, Su Gracia? –preguntó ella–. ¿Quiere pasar, Su Gracia? ¿Su Gracia desea una taza de té... o Su Gracia prefiere una copa?
–Quisiera un martini –dijo el obispo.

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